jueves, 11 de junio de 2015

Refugiada en el trabajo

Caracas, 11 de Junio del 2015
Alumna: Diolinda Da Silva.         
Práctica N° 8

Refugiada en el trabajo
Una italiana que llegó a Venezuela por problemas económicos en su país


En el Mercado Municipal de Guaicaipuro aparte de comida y ropa también se consigue increibles historia. Al entrar lo primero que consigues es la imagen del divino niño (foto sacada por Diolinda Da Silva) 


En una edificación, van entrando y saliendo de ella personas mayores, mujeres con bolsos hacia los lados. Niños corriendo de un lado hacia otro, colas para subir y bajar en el ascensor; combinaciones de olores entre hortalizas, frutas y carnes. Es domingo en la mañana  y hace calor. Se escucha el sonido de licuadoras, ollas, bolsas, cajas registradoras, conversaciones entre clientes y compradores
En el Mercado Municipal de Guaicaipuro, en su primer piso al lado izquierdo del ascensor, se encuentra un local que entre sus mercancías hay ropa holgada, monos, pantalones anchos o de plices, camisas con diseños de animal print o de colores cálidos. La dueña de esta tienda es Abelina De Luca.


Colas para esperar al ascensor del mercado de Guaicaipuro (foto sacada por Diolinda Da Silva) 

***

Abelina De Luca es una italiana que llegó a Venezuela a los 15  años porque sus padres no encontraban la situación de Italia buena para seguir ahí. Tiene 27 años vendiendo en el mismo lugar. Casi llegando a la hora de almuerzo llega una señora, llamada María, preguntando: ¨Abelina, cuando volverás hacer las camisas, estas no son iguales¨.


Entre diferentes tiendas una al lado de la otra se encuentra la tienda de Abelina De Luca (Foto sacada por: Diolinda Da Silva) 


En 1988 abrió la tienda con su esposo, llamado Agostino Mancini, donde vendían jeans; pero al ver que muchas personas preguntaban por las camisas realizadas por ella que llevaba puesta y como era difícil conseguir ropa para mujeres de talla grande, decidieron cambiar de rubro.


Aunque ahora tiene una que otra camisa para jóvenes Abelina decide seguir teniendo ropa para personas de su edad (foto sacada por Diolinda Da Silva)


Este negocio les dio sustento y además, pagar la universidad de sus dos hijos. Pero hace 15 años, su esposo murió de cáncer. Esto causo que perdiera más de 20 kilos, su hija por el dolor decide irse a vivir Italia porque no podía con los recuerdos de su padre. Por último, su hijo, Anthony, fue el que la convenció de seguir trabajando, así estuviera de luto.

“Muchas veces siento culpa. Cuando murió mi esposo, mi hijo apenas tenía 25 años, dejó todo, carrera, sueños, todo. Solo para estar acá conmigo. Siempre me decía que lucháramos por esta tienda porque es lo que habíamos construido Agostino y yo. Pero quién me iba a decir, hace tres o cuatro años, mi hijo también moriría, hace dos años lo tuve que ver morir¨.

Anthony murió en el 2013 de un paro respiratorio. No llegó a tiempo al hospital porque Abelina vive en un piso 9 y en su edificio no hay ascensor. Cuando llegó los médicos no pudieron hacer nada.


No sigue realizando ella misma la ropa porque ya no ve muy bien a sus 65 años. Mantiene contacto con la hija por teléfono porque el que sabía manejar la computadora era su hijo. Pasa todos los días en ese local donde habla con su hermana que es dueña de la tienda de al lado o con amistades que a través de los años ha ganado. Dice que lo peores días para ella son los lunes cuando no abre el mercado. “Es fuerte estar en mi casa y ver fotos de ellos tres, por eso prefiero estar acá”. Prefiere refugiarse en el mercado porque en su hogar la consume los recuerdos.